domingo, 15 de noviembre de 2015

Carta sincera

Siempre atrás, como esa manecilla del reloj oxidada fija en las tres del mediodía, adelantándose a las doce de la noche pero volviendo atrás horas después. Como jugador de banquillo, o en la grada si el partido es importante. Gatear, andar y correr, tres fases de la vida a cada cuál mejor y más dura dependiendo de la edad.
Aprendí pronto que gatear te hace arañazos en las rodillas, que si avanzas sufres, el suelo está frío y a veces hay cristales que pueden cortar incluso la piel más dura, que las heridas superficiales solo necesitan una medicina para sanar antes y solo unas pocas dejan cicatriz. Aprendí que, los recuerdos a esta edad no son muchos, quizás por el juego de la vida que no te deja recordar tiempos mejores, cuya única preocupación es volver a la cuna en los brazos de tu madre. Cada día es un cumpleaños en los que ríes y disfrutas, sin más necesidad que la de un biberón cada tres horas y dormir y más dormir.
Aprender a andar es como montar en bicicleta, al principio tropiezas incluso con lo que no existe y mesitas ruedas pequeñas a cada lado para mantener el equilibrio, pero poco a poco aprendes gracias al brazo protector de tu padre, que siempre está ahí pase lo que pase.  Pero hay momentos en los que sus brazos no están, como una estrella fugaz a la que no da tiempo de terminar de pedir tu deseo. Tan solo buscas respuestas en donde no las hay pues las preguntas son absurdas, no existe explicación lógica a la estupidez humana y buscamos explicaciones mirando al cielo como idiotas, adentrándonos en una religión o creado mentiras y más mentiras para camuflar quien eres. Te evades del mundo para que no te conozcan pero todos te conocen y saben que no eres más que un capullo integral.
Y cuando al fin aprendes a correr, solo corres para salvarte de la guadaña.
Tres fases de dolor, desde el punto de vista de un capullo más, un capullo incapaz de entender la vida, que se asusta de si mismo por envidia a otros que les va bien. Inseguro por ser quien es y ni siquiera se quien soy. Deseando cobrar del curro para ahogar penas en alcohol a sabiendas de que las penas saben flotar. Bebiendo abscenta para emborracharse antes y ahorrar dinero para seguir flotando penas. Eso soy yo, un capullo integral, y esta quizás, sea la única verdad que veréis en mucho tiempo.

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